Utopía

Quito, 29 de abril de 2010

Un atardecer frío me abrazaba, al fin el cielo gris se tragó al sol. Salía de un lugar que ya no recuerdo. Papá me llamó a decir que mamá estaba mal. No podía saberlo bien porque ella había viajado lejos. Al llegar a casa, veo a mi papá y hermano, con caras de susto. Entonces papá me cuenta:

– Hija, tu mamá se puso mal al llegar a su destino… [luego el silencio se comió las palabras de papá] tu mamá falleció, me dijo con lágrimas en los ojos.

Me negaba a creerlo. Los demás lloraban y yo sólo grité y lloré sin parar. Traté de calmarme. Las horas pasaron sin darme cuenta y cuando ya llegaba la media noche me fui a mi cuarto y del cansancio adormecí rápidamente sobre mi cama.

Me encontraba de nuevo en un escenario sombrío y sin luces en las calles. Apenas la luz de la luna alumbraba algunos árboles y casas.  Trataba de averiguar donde estaba y me quedé en algún punto de una calle ancha. Raramente no pasaba ningún auto. Alguien con la cabeza agachada y pasos pesados se acercaba hacia mí, pero no le podía ver el rostro, apenas era una sombra cualquiera que caminaba.

Esperé a que llegara. Reconocí el aroma y me sentí tranquila, era como si la conociera. Aquella sombra andante alzó la cabeza y con su mano tocó mi hombro. ¿Mamá? dije yo un poco dudosa. Le vi el rostro, pero no era nada agradable. Los gusanos se le habían comido un ojo, la piel estaba pegada a su cráneo como una momia, su brazo estaba completamente hueso, con algo de piel seca colgada y ya no tenía nariz.

Me asusté un poco, pero sabía que ella nunca me haría daño. Mamá me abrazó, mientras le reclamaba que me había dejado muy pronto. Ella me dijo que era muy difícil de explicar y que por favor no le preguntara que se siente morir o como es estar en «otro mundo», porque era algo que se les prohibía decir a los muertos.

¡Pero mamá! — exclamé yo. Tú no estás del todo muerta, has podido hablar conmigo y te pude abrazar, aunque no tienes un aspecto muy bonito que digamos.

Mamá se rió y me alegró que aún no perdiera su buen sentido del humor. Dentro de mí, me preguntaba si todo esto era real. Decidí no dar más importancia al asunto y le dije a mi mamá si podíamos asustar a los vivos. Ella me dijo que no era correcto, pero que por esta vez haría una excepción.

¡Sí! — grité feliz. Era de una de las cosas que siempre pensé hacer cuando muriera, pero asustar estando viva no tenía mucha gracia. Me puse a pensar a quién podíamos asustar y de pronto se me ocurrió:

Mamá, ¿te acuerdas de aquel tipo que te robó en el bus? — pregunté.

Sí, pero sigo pensando que no es necesario hacer esto — exclamó.

Mamá, ¡me lo prometiste! dijiste que harías una excepción — reclamé.

Bueno, bueno, está bien — dijo Mamá.

No sé ni cómo describir la forma en cómo encontramos a ese tipo, pero se hallaba caminando muy borracho en una calle. Mamá decía que la mujer lo había botado de la casa porque era muy violento y pegaba a sus hijos. Primero me enojé, porque lo único que se me vino a la mente era que este tipo robaba para comprar licor.

Yo caminé hacia él y obviamente trató de robarme, entonces Mamá apareció y aquel tipo se asustó tanto que con sus torpes pies trató de correr, cayéndose más de una vez.

Mamá y yo nos reímos hasta morir, bueno, mi mamá ya estaba muerta  y a mi sólo me dolía la panza. Fue la noche más espectacular que había pasado. Ella me dijo que debía regresar de donde había venido. Me puse triste, pero ella me dijo: «Me gustaría volverte a ver. Aunque no esté contigo como ahora, siempre estaré a tu lado cuando me necesites».

La alarma sonó y desperté con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta, después me tranquilicé. Aún acostada sobre la cama, viré mi cabeza hacia la izquierda y encontré el esqueleto de una mano. Me di cuenta que lo que viví, no fue un sueño.

Natalia Cartolini

10 thoughts on “Utopía

  1. Pocho, gracias por visitarme 🙂

    Mareña, si, lamentablemente es real. Días en los que me sentí mal y mi mayor desahogo es escribir y que mejor que transformar el dolor en un cuento y más en uno de mis estilos favoritos, el terror 🙂

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