Un gato en la cabeza

Vicky está sentada en su cama, a través de la ventana de su cuarto mira muy contenta la luna menguante, pero mientras la observa, siente un dolor muy fuerte en su cabeza ¿Qué será?

Una mañana, Vicky como siempre despertaba asustada por los gritos de papá que decían: ¡Ya despiértate! Pero la pequeña Vicky decía cinco minutitos más, que luego se hacía media hora y a veces hasta una hora. ¡Qué niña tan perezosa!

Ella extrañaba los desayunos de mamá, que aunque tampoco se detenía a la mesa para degustarlo, pues odiaba desayunar, aunque sea se lo tragaba para que digan que si comía algo y luego mamá no se enojara. Todo ese «momento», ella lo extrañaba más que nunca. No entendía como el resto de sus amiguitas tenían vivas a sus mamás y ella no.

Aún con la boca llena de pan, se disponía a salir a la escuela. Apenas podía decir: ¡Chau papá! Comenzaba otro aburrido día de clases lleno de matemáticas. Ella adoraba la escritura y la computación ¡pero no las matemáticas!

Al medio día al regresar a casa, siempre despeinada, con los zapatos sucios, pero con un ánimo que espantaba toda la vecindad; saludó a su papá que estaba en la cocina y entró a su cuarto, se quitó los zapatos y saltó sobre su cama. De aquí para allá, de allá para acá, de pronto una terrible punzada, que más bien parecían rasguños, le hacía doler la cabeza, entonces decidió acostarse en su cama. Estaba a punto de llamar a su papá, pero se puso a conversar con su cerebro:

– ¿Qué tendré en la cabeza? -se cuestionaba Vicky.

– ¡Miau, miau! – Escuchó.

– ¡Waaaaa! – Pronunció Vicky asustada, miraba de izquierda a derecha y viceversa. Luego cerró su mano derecha y con los nudillos dio un golpecito en su cabeza ¿Acaso cree que tiene cabeza de puerta?

– ¡Miau, miau! ¡Niña tonta, no me golpees! – Escuchó de nuevo.

– ¿Quién eres? – Preguntó Vicky sorprendida.

– Solo un Gato en tu cabeza y aunque te parezca extraño, no sé cómo rayos estoy acá, supongo que es alguna maldición de alguna malvada bruja que no conozco. – Dijo aquel Gato.

La pequeña y ahora perpleja Vicky también se preguntaba cómo es que tiene un gato dentro de la cabeza ¡Prácticamente es imposible! Apenas pronunciaba eso, el Gato le dijo que se acercara a la luz de la luna, pero que llevara un espejo. Ella no sabía para qué, pero era mejor obedecer para entender lo que pasaba.

Es así que Vicky, salió por la ventana, se ubicó debajo de la luna y tocó de nuevo su cabeza.

– ¡Que no me golpees dentro de tu cabeza, miau! – Exclamó el Gato.

– Perdón Sr. gato, pero ¿por qué hiciste que viniera acá? – Dijo Vicky.

– Como ya estás bajo la luna, pon el espejo frente a ti, aléjalo un poco y mira tu cabeza.

Vicky obedeció, miró su cabeza, que sorprendentemente bajo la luna se volvía transparente, vio dentro de ella, un precioso gato negro con un pelaje tan brillante que se enamoró.

– Tengo que confesarte algo, la verdad no existe ninguna maldición, estoy acá porque me siento muy asustado y aún no descubro por qué – Dijo el Gato muy triste.

– Oh, pobre gatito. Bueno, mientras no me des más dolores de cabeza, puedes quedarte allí ¿ok?

– ¡Gracias Vicky! – Dijo muy contento el Gato.

– ¿Puedo contarle a papá? –  Preguntó Vicky.

– El tiempo dirá ¿tu piensas que tu papá te crea? – Exclamó el gato.

– Mmm… la verdad no y como anda muy ocupado en sus cosas. Bueno, no importa, ya habrá tiempo – Pensó Vicky en voz alta.

Vicky volvió de nuevo a su cuarto por la ventana, se abrigó con las cobijas y durmió feliz sabiendo que tenía a alguien muy importante y especial en su cabeza.

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One thought on “Un gato en la cabeza

  1. Hermoso este cuento, tanto que el gatito buscaba una respuesta de se miedo y encontró ademas de una respuesta un hogar en la cabecita de Vicky, este es el que mas me ha gustado Nathy sigue así

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